El origen del mito del pozo de San Lázaro de Zaragoza

Lázaro

El pozo de San Lázaro de Zaragoza, situado al lado del puente de Piedra, ha sido el escenario principal de una serie de accidentes

Historia y leyenda del pozo

La leyenda negra del pozo de San Lázaro | Zero GradosSi bien es cierto que hay un gran desconocimiento acerca del pozo y sus características, es curioso averiguar por qué han surgido diferentes leyendas locales desde sus orígenes. Y es aquí donde hay que echar la vista hacia atrás y retroceder hasta la Edad Media. En esa época, en la zona del Arrabal -la más próxima al pozo- se hallaba el Convento de San Lázaro, en el cual los enfermos terminales eran desterrados y malvivían sus últimos días. Una vez muertos, eran arrojados a la zona anexa al convento donde los cadáveres se sumergían y desaparecían en el agua para siempre. En el siglo XIII, se decía que un monaguillo que apenas alcanzaba los siete años fue crucificado y asesinado por unos criminales en el mismo Convento, a consecuencia de un ritual religioso. El cuerpo del menor fue arrojado al pozo de San Lázaro, y como el del resto de fieles e infieles, nunca se encontró. De forma más reciente, en 1971, un piragüista moría en el propio río al intentar recuperar su piragua, tras haber volcado en el pozo. Lázaro

Lo que sabemos con certeza es que es el lugar escogido por muchos para terminar con su vida, quizá atraídos por estas mágicas historias. A raíz de estos hechos comienza la leyenda del pozo, en la que es muy difícil distinguir la ficción y la realidad; qué hay de cierto en estos acontecimientos y qué elementos son invención de la propia localidad.

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El accidente más trágico de la década de los 70

Pero la historia del pozo que elevó su popularidad hasta límites insospechados fue un accidente de autobús en el año 1971que acabó con la vida de diez personas. Un 19 de diciembre, un autocar lleno de pasajeros se disponía a cruzar el puente. Eran migrantes, en su mayoría españoles, que trabajaban en Suiza y habían vuelto a España para pasar la Navidad con sus familias. Sin embargo, una tragedia inesperada truncaría el destino de muchos de ellos. Cuando el autocar había recorrido más de la mitad del Puente de Piedra, el chófer perdió el control debido a la velocidad y cayó directo al pozo de San Lázaro, llevándose consigo varios metros de la valla de seguridad. Los pasajeros se colocaron en la parte derecha del autocar, la única que se mantenía a flote, a la espera de ser rescatados.

A pesar de haber caído en la zona menos profunda del pozo, el autobús poco a poco fue sumergiéndose, atraído por las corrientes internas del río. Los ocupantes del vehículo luchaban desesperados por salvar sus vidas, mientras la bolsa de aire que se había formado tras la caída, que les permitía respirar, se iba consumiendo. Cada segundo que pasaba resultaba esencial para sobrevivir. Unos minutos después, un grupo de voluntarios, junto con el cuerpo de Bomberos y la Policía colaboró de forma intensiva en el rescate de los pasajeros para hacer lo imposible por salvar la vida de cada una de las víctimas del siniestro.

Angustia en el rescate

Martín Osanz, testigo del rescate, cuenta cómo se vivieron esas dos horas infernales: “los bomberos rescataban a las víctimas con dos lanchas que tenían disponibles y había tanta corriente que los que estábamos allí tuvimos que echar una mano y tirar de la cuerda para acercar las lanchas”.

Los esfuerzos de los zaragozanos y de los equipos de rescate fueron fundamentales en la operación de salvamento. “Aparte de llevar a cabo los rescates, también tenían que lograr estabilizar el autocar y evitar que se sumergiera, ya que el número de fallecidos podría haber sido mayor”, afirma Martín. Había tanta expectación en torno al rescate que incluso los cuerpos de seguridad temían por la estabilidad del propio puente. “Éramos muchas personas en torno al puente y a la ribera del río y aunque la mayoría colaboramos en todo lo que pudimos, la zona estaba abarrotada y había mucho movimiento.”

La leyenda negra del pozo de San Lázaro | Zero Grados

Estaba ya bien entrada la madrugada cuando se concluyó la operación de rescate. Aparte de las corrientes alternas del río, la niebla que envuelve Zaragoza en los meses de invierno era tan densa que dificultó aún más las maniobras y bajó la temperatura de forma radical. Mientras los heridos eran trasladados al hospital y quedaban en observación, los cuerpos de seguridad decidieron que al día siguiente se sacaría el autobús del pozo.

Sin embargo, el autocar, en su inevitable descenso hacia las profundidades del Ebro, quedó hundido antes de poder salvar a todos los ocupantes. Muchos de ellos, que aceptaban ya su fatal e inminente destino, se vieron sorprendidos por una mano que los agarraba y sacaba a la superficie. Otros no corrieron la misma suerte y lo último que sintieron fue angustia y desesperación hasta que el pozo terminó por tragarles.

Nueve personas no consiguieron ser rescatadas. Los cuerpos de cinco niños se perdieron entre las profundidades junto con el del conductor del vehículo y tres pasajeros más. Tras varios intentos desesperados por recuperar los cadáveres, las intensas corrientes que azotaban el Ebro esa madrugada del 19 de diciembre sólo permitieron a los bomberos sacar el cuerpo del chófer. Las ocho víctimas restantes jamás regresaron a la tierra.

Fuente: zaragoza

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