Chalchiuhnenetzin: La princesa mexica que convertía en estatua a sus amantes

Chalchiuhnenetzin



Chalchiuhnenetzin era una niña cuando Nezahualpilli la eligió, por lo que no tenía la edad suficiente para consumar el matrimonio

Kisscrown Princesa Azteca Set Maquillaje Paleta Sombras Ojos | BLUPOINTDurante el reinado de Axayácatl como tlatoani de Tenochtitlan, su propia hija adolescente Chalchiuhnenetzin (Muñeca de jade) fue enviada a Texcoco con más de dos mil sirvientes y otras doncellas mexica para que se convirtiera en la esposa legítima del tlatoani Nezahualpilli.

Sin embargo, nada salió como se esperaba…

Se ordenó que viviera en un lujoso palacio digno de su propio padre Axayácatl, con todos los lujos propios de la vida de princesa y acompañada de sus nanas, amas, criadas y pajes.

Sin embargo, y según relata Fernando de Alva Ixtlilxóchitl en su “Historia de la nación chichimeca”, pronto “…comenzó a dar en mil flaquezas y fue que a cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición daba orden en secreto de aprovecharse de ella…”.

Ixtlilxóchitl cuenta que la princesa, al sentirse en plena confianza en su nuevo palacio, comenzó a explorar su sexualidad, cumpliendo con cada uno de sus caprichos.

Hasta aquí todo parece ser el caso de una adolescente en busca de su identidad sexual, que se ocupa únicamente de satisfacerse. Pero sus excesos no se detuvieron allí, pues Chalchiunenetzin ordenaba asesinar a todos aquellos que habían osado darse placer con su cuerpo:

“…y habiendo cumplido su deseo lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato y, después de muy bien adornado de ricas vestimentas y joyas de oro y pedrería, lo ponía en la sala en donde ella asistía…”.

La afición de la princesa por esta práctica llegó a niveles de exageración tan altos que no se contentó con llevarlo a cabo tres o cuatro veces, sino que se volvió una especie de vicio que le hacía siempre querer más:

“…y fueron tantas las estatuas de los que así mató que cogían toda la sala a la redonda; y al rey cuando la iba a visitar y le preguntaba por aquellas estatuas, le respondía que eran sus dioses, dándole crédito el rey por ser como era la nación mexica, muy religiosa…”.

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Una vez decidió dejar con vida a tres de sus amantes: Xiuhcóatl, Huitzilihuitl y Maxtla. El primero era señor de Tezoyuca y los otros dos eran principales de su corte.

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