Tlaltecuhtli: La diosa azteca que devora cadáveres

Tlaltecuhtli: La diosa azteca que devora cadáveres

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Tlaltecuhtli fue una deidad adorada a veces conocido como «monstruo de la tierra» y representada en gran parte de la iconografía prehispánica

Falda enterrada en el cielo: las tzitzimime y el necropoder mexicano a  través de los tiempos | Por Fernanda Lucía Morales Tovar – Página SalmónEsta diosa es elemental en la cosmogonía mexica, de su nacimiento se había formado el mundo, y de él había brotado la Tierra deseosa de sacrificios por proseguir su ciclo, lo anterior, pues Tlaltecuhtli misma se había sacrificado. Es decir, la misma Tierra se había sacrificado por nosotros los humanos.

El mito

Tlaltecuhtli era un monstruo con articulaciones llenas de ojos y bocas con las cuales mordía como bestia salvaje. Para aplacarla y crear la vida, dos de los hijos de la pareja creadora: los dioses Quetzalcóatl (Serpiente emplumada) y Tezcatlipoca (Espejo humeante), se transformaron a sí mismos en dos grandes serpientes, explica la doctora Diana Magaloni Kerpel, ex directora del Museo Nacional de Antropología del INAH en el marco del aniversario del descubrimiento de la mayor estatua de esta deidad.

Los anteriores dioses, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca desgarraron a Tlaltecuhtli por la mitad  «Una parte sirvió para formar el firmamento, la otra para hacer la tierra. Posteriormente los dioses hicieron con las partes de su cuerpo todas las cosas de vida: su pelo se convirtió en árboles, flores y hierbas; su piel, en los prados; sus incontables ojos, en pozos de agua; sus bocas, en grandes ríos y profundas cuevas; y sus narices en montañas». Así, el desmembramiento de Tlaltecuhtli se produjo.

 (…)No sólo un orden en el universo, separando la tierra del cielo, sino que el precio de tal ruptura fue que Tlaltecuhtli, como la primera víctima de la creación, exigió que otras víctimas la alimentaran.

Tlaltecuhtli a través de su muerte y resurrección, se convierte así en el símbolo de la renovación constante mediante el sacrificio». Es por ello que este mito enarbola varios conceptos fundamentales de las ciudades mesoamericanas, refiere en su texto, de manera que «la diosa de la tierra que sostiene la creación a través de su propio sacrificio, explica el devenir del cosmos y del tiempo ya que es el principio que promueve las múltiples creaciones del mundo.

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Los dioses Quetzalcóatl y Tezcatlipoca descendieron de los cielos en forma de serpientes, encontrando al monstruoso Tlaltecuhtli sentado en la cima del océano con colmillos gigantes, piel de cocodrilo y dientes crujientes que pedían un festín de carne. Los dos dioses decidieron que el quinto cosmos no podría prosperar con una criatura tan horrible deambulando por el mundo, por lo que se dispusieron a destruirla.

Tezcatlipoca usó su pie como cebo, y Tlatlecuhtli se lo comió. En la pelea que siguió, Tezcatlipoca perdió el pie y Tlaltecuhtli perdió la mandíbula inferior, quitándole la capacidad de hundirse debajo de la superficie del agua. Después de una larga lucha, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl lograron rasgar su cuerpo en dos: de la mitad superior vino el cielo y de la tierra inferior. Pero ella siguió viva y exigió sangre humana como pago por su sacrificio.

El mito de Tlaltecuhtli - Marcianos

Los mexicas atribuyeron sonidos extraños de la tierra como los gritos de Tlaltecuhtli en su agonía desmembrada, o sus llamadas de sangre humana para alimentarla. Como fuente de vida, se pensó que era necesario apaciguar a Tlaltecuhtli con sacrificios de sangre, especialmente corazones humanos.

El temor de que este ciclo pudiera interrumpirse, como durante los eclipses solares, fue a menudo la causa de la inquietud y el aumento del sacrificio ritual. La conexión de Tlaltecuhtli con el sol aseguró que fuera incluida en las oraciones ofrecidas a Tezcatlipoca antes de las campañas militares aztecas.

Debido a la asociación de Tlatlecuhtli con la fertilidad, las parteras pidieron su ayuda durante los partos difíciles, cuando un “infante guerrero” amenazó con matar a la madre durante el parto.

En 2006, se descubrió un monolito masivo de Tlaltecuhtli en una excavación en el Templo Mayor en Tenochtitlán en día Ciudad de México. La escultura mide 4 x 3,6 metros y pesa casi 12 toneladas, lo que la convierte en uno de los monolitos aztecas más grandes jamás descubiertos, incluso más grande que la Piedra Calendario.

Fuente: barriozona

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