¿Por qué nos disfrazamos en Halloween o día de muertos?

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Celebrar Halloween en nuestro país se ha convertido en una tradición. Hoy en día es muy común ver que grandes y pequeños luzcan espeluznantes

Chicos y adultos tienen en Estados Unidos, y cada vez más en nuestro país, la costumbre de disfrazarse en Halloween. ¿Por qué? ¿Solo para recibir dulces en cada puerta? En realidad, la tradición vas más allá: tiene sus orígenes en ritos celtas motivados por el miedo a la oscuridad y a los espíritus.

En la Noche de Brujas se creía que volvían los fantasmas. Las personas temían andar por la calle cuando caía el sol, porque pensaban que se encontrarían con algún espíritu. Entonces, para no ser reconocidos por ellos, usaban máscaras cuando salían de sus casas.

En la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada de los nuevos inmigrantes, Halloween se generalizó en todo Estados Unidos y los vecinos comenzaron a ir disfrazados casa por casa. Esa tradición se mantiene y tiene como objetivo pedir comida o dinero, lo que conocemos como “trick or treat”.

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Jugar a ser otros… ¡Y liberarse!

En el mundo actual vivimos cargados de tensiones y necesitamos momentos de liberación. Disfrazarse es una forma de acceder a otra realidad, de darle la bienvenida al humor y la relajación. Las máscaras nos invitan a escapar de las normas impuestas: sirven para romper reglas y desafiar el orden, sin que ello genere violencia ni preocupaciones.

Además, nos convertimos en otra persona y actuamos de una forma diferente a la habitual. Si somos tímidos, las máscaras y los disfraces nos ayudan a expresarnos de otra manera. Facilitan la desinhibición y nos permiten asumir otros roles.

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Hadas y superhéroes: los favoritos de los chicos

¿Qué chico no disfruta de convertirse en su personaje favorito? Bruno Bettelheim, psiquiatra infantil y autor de “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, enfatizó la influencia de las hadas y los superhéroes en la educación de los niños. Según él, ejercen una función liberadora y formativa para la mentalidad infantil.

Al identificarse con los personajes de los cuentos, los niños comienzan a experimentar sentimientos de valentía, justicia, fidelidad, compromiso, amor o amistad, no como lecciones impuestas, sino como parte de la aventura de vivir.

El pequeño necesita conocerse a sí mismo, jugar a probarse distintos ‘disfraces’ hasta encontrar el apropiado para cada situación de vida. Los cuentos de hadas se lo facilitan y, así, alcanza una mejor comprensión del mundo. La sana fantasía contribuye a que el pequeño pueda interactuar con la realidad y aprovechar mejor los recursos que tiene”, comenta Mercedes Carreira, coordinadora de los Talleres de Escritura Creativa y Autoconocimiento «Había una vez».

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Hombres vestidos de mujer: ¿fantasía o realidad?

Es bastante frecuente encontrarnos con aquel familiar hombre (padre, tío, primo, cuñado, etc.) que en las fiestas le gusta vestirse de mujer. Y hasta determinados ritos culturales, como las “despedidas de soltero”, incorporan esta práctica de travestismo.

Usar indumentaria del sexo opuesto forma parte de muchas costumbres en diferentes culturas. También los cambios en las estructuras de género, sobre todo en las mujeres, han llevado a una ropa más unisex. A diferencia de otras, las fantasías de “ser de otro sexo” tienen la fuerza de la concreción (aunque sea por un momento).

¿Está mal? ¿Hay que preocuparse? “Todo es posible en la cama. Considerar que ese hombre es un homosexual encubierto es un error. La homosexualidad es un deseo de amar y/o tener relaciones con alguien del mismo sexo y no implica usar indumentarias ni accesorios del sexo opuesto”, comenta el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

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Ser otro en la cama: el role-playing

Sin juego el sexo pierde su creatividad y ciertamente se torna aburrido. ¿Qué es jugar? Jugar es divertirse, hacer cosas infantiles, cosas que sólo la intimidad permite, ponerse ropas distintas, jugar a ser una persona diferente, recrear personajes. A algunos les gusta jugar al «doctor», otros prefieren ser la «profesora y el alumno«, etc., etc., etc.”, compartió en una nota la licenciada Diana Resnicoff, psicóloga y sexóloga clínica.

Jugar nos incentiva, también, a explorar todos los sentidos, esos que a veces dejamos a un lado. ¿Por qué no ser nosotros mismos los pintores, fotógrafos, escultores, cocineros, actores, músicos y bailarines? De eso se trata el Role-playing.

Y a ti ¿Te gusta disfrazarte? ¿Qué otra personalidad disfrutas tener, al menos por un rato en Halloween?

Fuente: Wapa


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