Los demonios de Roman Polanski que rodean su mala fama

Los demonios de Roman Polanski que rodean su mala fama

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El seguimiento de las teorías del Dr. Freud en Polanski a veces se quiebra en un aspecto que no es nada banal

De todos es sabido la siniestra mala fama que rodea a la persona de Roman Polanski. La prensa gacetillera, cuando no la amarilla, ha asimilado su persona a las enrarecidas situaciones y a los morbosos asuntos de la mayoría de sus películas. Igualmente, algunos acontecimientos de su vida privada lo han mezclado con cierta turbiedad y sospecha.

En broma o en serio, los filmes de Polanski nunca hablan de situaciones normales, naturales, sino que en ellos se nos muestran personajes siniestros, unos torturadores de otros y muchas veces en una relación de víctima y verdugo. Y cuando no hay declarados verdugos, sus personajes devienen víctimas de sí mismos y de su entorno, atormentados por una educación moral o religiosa represiva que les lleva prácticamente a las situaciones psicóticas más aberrantes.

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Y así en algunos filmes “menores” del cineasta franco- polaco-judío (esta triple procedencia cultural de Polanski nunca debería olvidarse) como son Frenético o La novena puerta o El baile de los vampiros, sus protagonista se ven perseguidos y asediados por seres escondidos tras las redes de una conspiración que ellos no llegan a desvelar, sintiéndose en el ojo de un huracán donde el sin sentido, el absurdo y el más oscuro designio los zarandean y destruyen.

Imitador con aciertos en muchos momentos del mejor Hitchcock, se distingue de él en que el maestro del suspense era muy claro y explícito al señalar a los verdugos y a los ejecutores. Hitchcock colocaba a sus personajes en medio de una pesadilla de la que al final despertaban. Polanski lo sitúa en medio del peor de los sueños y nunca logran escapar de ellos.

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Aquí se nos muestra entonces la visión plenamente pesimista del ser humano que tiene Polanski: el hombre vive en medio de un mundo amenazador que lo destruye a través en primer lugar de las normas e instituciones sociales que le hacen zozobrar con sus sistemas represivos: el estado, la religión, la educación… A la vez, la imagen del hombre en el cine de Polanski se nos muestra como la de un ser que en realidad no es libre, por las ataduras exteriores que antes mencionábamos y por la misma prisión que sufre en lo más íntimo de su ser: las pulsiones de su intimidad matan todo posible afecto positivo de su propio corazón.

En Repulsión vemos a una mujer incapaz de remontar sus pulsiones íntimas conducidas por los agentes externos del superego de las normas sociales (educación religiosa represiva, moralidad establecida) pero también ahogadas por las defensas instintivas de su intimidad más profunda. O sea que Polanski se nos muestra como uno de los directores freudianos más pesimistas. La importancia que da a las pulsiones sexuales en sus personajes corrobora esto que decimos.

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Las teorías de Freud en Polanski 

Pero el seguimiento de las teorías del Dr. Freud en Polanski a veces se quiebra en un aspecto que no es nada banal: si en Freud las creencias religiosas pueden servir de instrumento de sublimación de las pulsiones y frustraciones humanas, en nuestro cineasta precisamente las creencias religiosas, transmitidas siempre a través de un sistema educativo represor, parecen incrementar sus pulsiones destructivas. Así ocurre en el filme La semilla del diablo, una de las obras maestras menos discutibles de este director y paradigma modélico del cine de suspense y terror. El extraño embarazo de Rosemary es descrito en la película con tal ambigüedad que el espectador no llega a calibrar si al final es algo concreto, fruto de una conspiración de una secta satánica o es fruto dela imaginación desbaratada y paranoica de una joven recién casada y con un quimérico embarazo psicológico.



Sea como fuere, en este filme, como en Repulsión, Polanski parece ajustar cuentas con el catolicismo. No tengo ahora presente este dato, pero colijo que el Polanski niño y adolescente, pese a su condición de semita, sería educado en el catolicismo tan sumamente peculiar, tan integrista y fundamentalista que se da en Polonia. Una cosa sí que sé y es que vivió hasta que sus padres fueron liquidados por los nazis, en Cracovia, ¡la misma ciudad donde nació y vivió el actual y discutido Papa Juan Pablo II! Aparte de los intensos valores cinematográficos que Rosemary’s baby posee (una puesta en escena muy inteligente, utilizando todos los recursos más apropiados para hacer un in crescendo en la intriga, el suspense y en la creación de atmósferas angustiosas) la película está planteada a mi modo de ver como una exacto documento sobre el comportamiento de las sectas más peligrosas y también como un retrato en negativo de las creencias cristianas de la Encarnación y Redención de Cristo.

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¿Una coincidencia?

Polanski ha afirmado que él no cree en Dios ni en el Diablo. Pero es muy curioso las profundas connivencias que con el mundote las creencias tienen algunos de su filmes, como puede ser éste. En la novela de Ira Levin, donde se inspira el guión, no aparecen tantas. Si en el evangelio se dice que Dios se hace hombre en el seno de la Virgen María, “bendita entre todas las mujeres” para salvar a los hombres, en La semilla del diablo, es Satán quien es engendrado en el vientre de Rose Mary, una mujer escogida  de entre las mujeres por una secta y que parece, por su educación católica, haber llegado virgen al matrimonio.

A la Virgen se le notifica tal deseo de Dios y ella acepta, mientras que a Rose Mary se le oculta y por descontado no se cuenta con ella. En el relato cristiano, José, su esposo, no desempeña papel alguno, casi se le margina. En el filme, el marido de la que va a ser madre de Satán toma un papel bien activo. Mientras que en la historia de la Virgen María, Jesús es concebido de un modo virginal, “sin conocer varón” como dicen las Escrituras, por el contrario, en el filme de Polanski el diabólico niño es engendrado del modo más impuro y brutal posible. La noche que ocurre eso se habla de una casi violación, de sensaciones necrófilas. La ambigüedad también aparece claramente subrayada: ¿es una realidad o es un mal sueño de la protagonista? Cuando el embarazo progrese (¿quimérico, real?) Rose Mary se verá acosada y se creerá sitiada por una conspiración. Ya tenemos el tema central y constante del ser humano sitiado y a punto de ser destruido por su entorno que aparece en el cine polanskiano.



Retrato en negativo del Evangelio, especialmente de los primeros capítulos de Lucas que narran el nacimiento de Jesús. Hay una escena que señala por ejemplo el pasaje de la adoración de los pastores y de los Reyes Magos. Se pueden comparar incluso textos evangélicos –por ejemplo el del Magnificat– con los que saluda el nacimiento de la criatura infernal el jefe de los brujos que conspiran, Adrian Marcato: son casi los mismos transformados en siniestra premonición del nuevo reinado de Satán, una vez desterrado Dios en la ciudad secular, como se da a entender en la revista Time que la protagonista del filme coge del revistero de la sala de espera del ginecólogo y en cuya portada se pregunta “Is God dead?”. Polanski vienen a decir a través de este escalofriante filme: en un mundo donde Dios ya no existe o no importa su existencia a los hombres, Satán (es decir todos los instintos diabólicos que posee el hombre) será el nuevo Dios.

Fuente: encadenados

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