Leyendas del mundo (Sevilla): La leyenda de Tomasín y los gitanos

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Tomasín cayó enfermo justo al final de la Cuaresma y falleció unos días antes de su ansiado día

NAZARENO DE ENCINAS REALES: LA LEYENDA DE TOMASÍN Y LA HERMANDAD DE LOS GITANOS DE SEVILLAHay una leyenda popular sevillana que suelen contar sobre todo en Semana Santa, cuando por sus calles se celebran las innumerables procesiones rememorando la pasión y muerte de Jesucristo.

Para empezar debemos remontarnos a principios del siglo XX.

Un popular zapatero acaba de perder a su amada esposa y no puede hacerse cargo de su único hijo: Tomasín, de unos 7 u 8 años de edad, por lo que tuvo que dejarle al cuidado de las monjas del cercano convento de Santa Isabel, cercano a la iglesia de San Román.

Las monjas comenzaron a educar a Tomasín mediante los valores cristianos y un día, Tomasín asistió con una de las monjas a una misa dominical en San Román.

Curioso, se paseó por la iglesia viendo todo el patrimonio que contenía, hasta que se detuvo en un altar donde había un Cristo, una Virgen y un San Juan Evangelista.

El niño quedó prendado de la talla del Cristo, y no se separó de Él en toda la misa hasta que la monja se acercó a Tomasín para volver a Santa Isabel.

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-Hermana… ¿Cómo se llama el Cristo? -preguntó Tomasín señalando a la imagen.

-Es el Señor de la Salud, más conocido como el Cristo de los Gitanos. Procesiona el Jueves Santo… ¿Te gusta? -preguntó entonces la monja con una sonrisa bonachona mientras le cogía de la mano al niño.

Él le contestó:

-¡Mucho! -dice ilusionado- Es más, quiero procesionar con Él.

Y volvieron al convento.

Cada día que pasaba, Tomasín pensaba más y más en aquella imagen de Cristo llevando la Cruz a sus hombros, con un gesto de dolor y angustia, y cada vez más su deseo de procesionar con Él iba aumentando…

Siempre que iba a San Román de misa se ponía al lado del altar donde estaba el Cristo y cuando se celebraban los cultos en su honor, él nunca faltaba…

Hasta que por fin alcanzó la edad de poder procesionar en la cofradía de los Gitanos. Aún faltaba un tiempo para que Semana Santa llegara, pero el ya tenía su pensamiento puesto en esa fecha.


Las monjas del convento le hicieron la túnica de Nazareno y sor María, la monja que le acompañaba siempre a San Román, le compró una varilla de plata, objeto que los Nazarenos de las cofradías siempre llevaban junto con el cirio.

Y llegó por fin la Cuaresma (el tiempo que precedía a la Semana Santa). Se celebraron los cultos de la Hermandad precedentes a la Semana Grande…

Pero por desgracia, Tomasín cayó enfermo justo al final de la Cuaresma y falleció unos días antes de su ansiado día.

Las monjas vistieron su cadáver con el traje de Nazareno que ellas cosieron para la ocasión y pusieron entre sus manos su muy querida varilla de plata. Después de su velatorio, fue enterrado en la capilla de Santa Isabel, junto a su madre y en poco tiempo después, su padre también sería enterrado ahí, estando la familia unida…

Llegó entonces el Jueves Santo, unos días después de la muerte de Tomasín, y llegó la noche, que era cuando salía la cofradía de su templo. Dos amigos ya vestidos de Nazareno paseaban por las calles aledañas a Santa Isabel camino de San Román cuando vieron salir del convento a un niño vestido con el traje de la cofradía y llevando en su mano una varilla de plata.

La leyenda de Tomasín, el nazarenito de Santa Isabel. – LO QUE ESCONDE SEVILLALos jóvenes pensaron que era una irresponsabilidad por parte de los padres de ese niño dejarle macharse solo, por lo que le siguieron para “cuidar” sus espaldas.

Cuando torcieron una calle, vieron con asombro que el niño había desaparecido y que en el suelo de la calle estaba la varilla de plata.

Al día siguiente de la procesión, los dos chicos fueron al convento a entregar la varilla, pensando que el niño se la había perdido. Cuando las monjas vieron el objeto, se llevaron un susto, pues era nada más y nada menos que la varilla con la que habían enterrado a Tomasín.

Desde entonces, cada noche del Jueves Santo al Viernes Santo, si vas por las calles cercanas al convento de Santa Isabel, puedes ver a un niño saliendo de dicho lugar vestido de Nazareno y con una varilla de plata, corriendo para no llegar tarde al actual Santuario del Valle para no perder su siempre imprescindible cita con la cofradía de los Gitanos.

Fuente: andalunet


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