La misteriosa muerte de Kurt Cobain ¿Love es la culpable?

La misteriosa muerte de Kurt Cobain ¿Love es la culpable?

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El pasado 5 de abril se cumplieron 27 años de la muerte de un ícono del grunge y líder de Nirvana: Kurt Cobain

Kurt Donald Cobain​ vivió 9.906 días, los transcurridos entre el día de su nacimiento, el 20 de febrero de 1967, y la data de su muerte, certificada oficialmente el 5 de abril de 1994, pese a que su cuerpo inerte fue hallado 72 horas más tarde de haberse suicidado de un escopetazo en su casa de Seattle.

Sin embargo, fueron apenas 924 días los que sellaron el legado que dejó marcado a fuego en la música por venir, los que se sucedieron después de la edición de Nevermind hasta el violento final. Ese disco, el segundo trabajo de estudio de Nirvana ​aparecido el 24 de septiembre de 1991, representó uno de los impactos más potentes que recibió el rock en las últimas décadas, quizás de los más significativos que haya derramado una banda desde la influencia ejercida por Los Beatles.

Cobain fue, en efecto, una especie de Beatle depresivo que, como sucede con muchos de su especie, fue ejemplo sin haber tenido la más ínfima pretensión de serlo. Zurdo, fue difícil de encasillar como guitarrista porque no hacía alarde de virtuosismo y el pulso rítmico de las canciones de Nirvana lo marcaron el bajo de Krist Novoselic, cofundador de la banda, y la batería de Dave Gröhl, el último en incorporarse al trío después de búsquedas varias que se terminaron en 1990, cuando sumaron al hoy líder de Foo Fighters.

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Fueron sus letras, y la entonación que consiguieron desde su aguardentosa voz cascada, las que ungieron a Cobain como el faro a seguir por muchos de los emergentes del género musical que no nació con Nirvana, pero que sí tuvo con esta banda la pátina de popularidad que les permitió a otros crecer bajo su halo: el grunge, la variante del rock que ineludiblemente se identifica con la ciudad de Seattle, en una movida que dio a luz a otros exponentes como Pearl Jam, Alice in Chains y Soundgarden, por citar a tres de los que continuaron con el legado.

Kurt Cobain nació en Aberdeen, una ciudad portuaria del estado de Washington, sobre el Océano Pacífico, distante 174 kilómetros de Seattle. Sus primeros años fueron el reflejo de un niño feliz, tal como se observa ya en el inicio del tráiler del documental Montage of Heck, estrenado en 2015 con el reflejo de la traumática vida del músico. Ya se lo veía dueño de un histrionismo propio de una celebridad por venir, como finalmente lo fue, aunque en esos primeros años con tics muy alejados de la oscuridad que (vaya paradoja) lo catapultó al estrellato entre los jóvenes de principios de los 90: dibujaba, bailaba, cantaba y animaba las fiestas familiares.

Empezó a convertirse en un sobreviviente a partir del divorcio de sus padres, Donald y Wendy, pareja que se fracturó cuando Kurt tenía ocho años y su hermana menor, Kim, cinco. Ese quiebre de la escena familiar empezó a forjarle una personalidad más sombría. Posteriormente debió también soportar el bullying que sufrió en la escuela, adonde fue víctima de acoso y hasta de golpizas de sus compañeros, quienes lo abordaron con violencia aprovechándose de su cuerpo mínimo, enjuto.

Una adolescencia violenta y el origen de su rebeldía

Desde ahí moldeó una rebeldía que se manifestó fuertemente por primera vez cuando abandona la escuela, desoyendo los consejos de su padre, Donald, un mecánico que quería que su hijo mayor siguiera la carrera militar. Kurt vivió un año con su madre antes de mudarse con su padre. «Después del divorcio, cambió por completo», confesó su mamá Wendy en 1992, cuando Nirvana surfeaba las olas del éxito. «Creo que le daba vergüenza. Y se volvió introvertido. Se guardaba todo. Era muy tímido. Eso lo devastó».

La vida con su padre fue también compleja por el entorno de un techo por demás particular. Vivían en una casa rodante en las afueras de Aberdeen, rodeado de leñadores, de los que incluso también padeció las burlas por su inclinación artística. De acuerdo al testimonio de su tío Larry Smith, las agresiones de los leñadores llegaron al extremo de los golpes, tal como le sucedió en un funeral, cuando recibió una paliza de un ruso de 100 kilos mientras el chico, de contextura enjuta, sólo sonreía mientras caía al piso y respondía con el gesto de “fuck you”.

La depresión y la adicción a las drogas lo indujeron al suicidio.
 
 

En 1979, con 12 años, se relacionó por primera vez con el suicidio, y fue cuando un tío abuelo se quitó la vida. En 1984, otro suicidio, de un tío. Ya por ese entonces había dejado de vivir con su padre, quien volvió a casarse y dicho paso desató nuevos demonios en el joven Kurt, quien empezó a deambular en casas de abuelos, tíos e incluso algún nuevo intento (fallido) con el papá y con mamá Wendy, que también rehízo su vida y con quien la convivencia duró apenas un año; fue tan traumática la relación que ella, la madre, le apuntó con un arma en la cabeza y amenazó con matarlo en una de las tantas crisis que atravesaron.

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Con el dinero de la venta de esa arma, Cobain se compró al poco tiempo su primer amplificador. Escuchaba punk-rock, vivía en la calle y llegó a dormir debajo de un puente. Ya había trabado amistad con un joven dos años mayor que él, más alto y de aspecto encorvado. Con Krist Novoselic, quien había llegado al extremo norte del país proveniente de Compton (en las afueras de Los Angeles), hablaba todo el tiempo sobre fundar una banda. La que primero se llamó Fecal Matter, terminó siendo Nirvana. Era 1987.

En 1989, tras haber explorado en la ciudad de Olympia (distante unos 80 kilómetros de Aberdeen) los primeros pasos con el grunge, llega el primer disco de Nirvana, grabado con el sello Sub Pop Records. Bleach fue grabado por 606,17 dólares: tenía una corrosiva acidez en sus letras y melodías aunque también se mostraba capaz de abrazar a muchos que, como Cobain, se sentían excluidos. Con ese concepto de agridulce refugio para marginados, Nirvana salió de gira con un nuevo baterista: Chad Channing le dejaba su lugar a Dave Gröhl, un tipo enérgico nacido en Warren, Ohio. Así se completaba el triángulo final de Nirvana.

Con el dinero de la venta de esa arma, Cobain se compró al poco tiempo su primer amplificador. Escuchaba punk-rock, vivía en la calle y llegó a dormir debajo de un puente. Ya había trabado amistad con un joven dos años mayor que él, más alto y de aspecto encorvado. Con Krist Novoselic, quien había llegado al extremo norte del país proveniente de Compton (en las afueras de Los Angeles), hablaba todo el tiempo sobre fundar una banda. La que primero se llamó Fecal Matter, terminó siendo Nirvana. Era 1987.

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 En 1989, tras haber explorado en la ciudad de Olympia (distante unos 80 kilómetros de Aberdeen) los primeros pasos con el grunge, llega el primer disco de Nirvana, grabado con el sello Sub Pop Records. Bleach fue grabado por 606,17 dólares: tenía una corrosiva acidez en sus letras y melodías aunque también se mostraba capaz de abrazar a muchos que, como Cobain, se sentían excluidos. Con ese concepto de agridulce refugio para marginados, Nirvana salió de gira con un nuevo baterista: Chad Channing le dejaba su lugar a Dave Gröhl, un tipo enérgico nacido en Warren, Ohio. Así se completaba el triángulo final de Nirvana.
 

El escenario del grunge tenía por entonces como referente a Andy Wood, el irreverente líder de Mother Love Bone, otra de las bandas indicada como fundacionales de la movida. Wood murió por sobredosis en agosto de 1990. Y 13 meses más tarde, Nirvana daba a luz su obra más taquillera, Nevermind, que tuvo como primer corte el tema que menos le gustaba tocar a Cobain: Smells like teen spirit, la canción que marcó el futuro de la banda y de su líder, que se publicó como single el 10 de septiembre de 1991, dos semanas antes del lanzamiento del disco.

Nevermind, o el principio del fin

El riff con el que abre la canción, la cadencia melodiosa que le sigue y la violencia del estribillo hicieron de Smells like teen spirit un himno de la Generación X. Nevermind vendió diez millones de copias en todo el mundo. Era violento y atrapante, rayano con el punk. Las luces, de repente, empezaron a iluminar la intimidad de Cobain, quien siempre quiso pasar inadvertido pero su introspección empezó a chocar con el empuje emergente de la popularidad y su vida se convirtió en una especie de geiser, explosiva e hirviente.

Su relación con las drogas ya era tan fuerte como el romance que tuvo con Courtney Love, entonces líder de la banda de punk Hole y quien luego se convirtió en la madre de su hija, Frances Bean, nacida el 18 de agosto de 1992.

Con Nevermind se había puesto en marcha el principio del fin. Convertido en millonario, Cobain fue incapaz de asimilar el éxito. Se casó con Love cuando ésta ya estaba embarazada, y ambos construyeron una pareja tan transgresora y disfuncional que fueron los Sid y Nancy de los 90, en un triste parangón con la vida de Sid Vicious, el malogrado líder de la banda de punk británico Sex Pistols (murió de sobredosis de heroína en 1979, con 21 años), y su novia Nancy Spungen (fue asesinada en 1978, con sólo 20 años).

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En 1993, Nirvana editó su tercer disco, In Utero, que se cerraba con el tema All Apologies, canción que se convirtió en emblemática a partir del recital unplugged que la banda ofreció para el canal de música MTV.
 

El 5 de marzo de 1994 ya estuvo al borde del suicidio cuando, en un pequeño período de descanso entre dos shows durante una gira de la banda por Europa, ingirió una enorme cantidad de somníferos que casi le provocan la muerte. Tras ese hecho, Nirvana canceló el tour. Unos días después, el 18 de marzo, se encerró en su casa agobiado por la depresión y la adicción a la heroína, con un arsenal de armas. Courtney Love llegó a neutralizar el intento suicida al llamar de inmediato al 911 y la policía evitó el desastre.

Homenajes que se vieron en Seattle en 2019, cuando se cumplieron 25 años de la muerte de Cobain. (AP)
 
Lo internaron en un centro asistencial de Los Ángeles para desintoxicarlo; se escapó al tercer día. Poco se supo de Kurt Cobain hasta que el 8 de abril de 1994, un operario acudió a su casa de Seattle para instalar un sistema de seguridad: fue él quien encontró el cuerpo inerte del líder de Nirvana, que se había disparado con una escopeta tres días antes, el martes 5.

Habían pasado apenas 924 días desde que se editó Nevermind. Fue el tiempo que necesitó Kurt Cobain para, de repente, dejar de ser triste don nadie que quería hacer música punk con una banda de amigos; convertirse en una guía para muchos jóvenes que a principios de los 90 se identificaron con sus letras tan rebeldes como depresivas, y con su música de una potencia aplastante; ser una referencia musical para la ciudad en la que se forjó la última gran movida del rock, como lo fue el grunge; y encaminarse hacia su triste y solitario final.

Fuente: eluniverso

 

 
 
 
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