Historias de suscriptores: El tercer piso está prohibido

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Toda adolorida, volteo sobre el suelo, mirando hacia el tercer piso, viendo como su abuelo se terminaba de enrollar

La niña tenía prohibido subir al tercer piso. Ella no sabía porque, pero debía obedecer, su abuela era una mujer muy severa, que no dudaría en imponerle un duro castigo.

Sus ojos citrinos se perdían al mirar la profundidad de la escalera en espiral, anhelando intrigada, ¿Qué se esconderá más allá? Sus padres habían muerto hacía mucho, la peste los alcanzó, dejándola huérfana a tan temprana edad. Su abuela tuvo que hacerse cargo y cuidar de ella desde bebé.

Su abuela, era una viuda de cuerpo levemente curvado, con el cabello largo y blanquecino, era muy inflexible cuando se trataba de subir al tercer piso. Podía jugar a lo que quisiera, comer lo que le apeteciera, mientras no subiera un solo pie en aquel lugar.

La prohibición trae curiosidad. Algunas personas son menos capaces de mantenerse lejos de aquello desconocido, que llama, como si tuviera boca, a ser descubierto de su escondite. Citrina era de aquellas personas que no soportan la curiosidad, la niña siempre miraba la escalera, anhelando y planeando.

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Citrina cada día sentía un impulso crecer en su interior, era la curiosidad, que no la dejaba vivir en paz. Para distraerse de aquel sentimiento tomó una pequeña pelota, y la lanzó contra la pared del living, una y otra vez. Concentrándose en el sonido hueco que producía el rebote. En uno de aquellos tiros, la pelota se desvió, chocando contra un gigante cuadro colgado en la pared. La pintura se tambaleó peligrosamente, Citrina corrió a rescatarla antes de que caiga al suelo y se propusiera un desastre, no quería ver el rostro de su abuela si llegaba a romper el retrato del abuelo.

La imagen puede contener: una o varias personasUna vez que el peligro pasó, la niña contempló el cuadro en su lugar, era un retrato de su abuelo cuando era joven, según había escuchado, pintado un tiempo antes de su muerte, en aquella captura no aparentaba más de treinta años, tenía el cabello azabache, lacio y largo, un rostro de facciones misteriosas, y ojos oscuros que escondían en sus pupilas un recóndito misterio. Citrina se alejó del cuadro muy impresionada, sintiendo como le recorría la piel de gallina por los brazos y espalda. Siempre le había dado miedo aquel cuadro.

Unos días después, la abuela debía irse de compras, dejando a su nieta sola, ella prometió portarse bien y no acercarse al último piso.

Citrina esperó a que su abuela se fuera, y cuando se aseguró que ya no volvería en un buen rato, tomó una escalera de madera y la arrastró por la escalera caracol. La escalera de piedra llegaba hasta el segundo piso, los últimos escalones habían sido removidos luego de que la niña intentara desobedecer la orden de mantenerse alejada. Le costó, pero logró subir la escalera, la paró en el último escalón y se dispuso a trepar por ella. Debía actuar rápido, pensó, una miradita y listo, su abuela podía volver en cualquier momento.

Fue subiendo con cautela, agarrándose de la baranda, la cual le extrañó bastante, era un enorme tubo de piedra, que parecía ensancharse cada vez que ascendía.



Lo que encontró en el tercer piso la sorprendió, hizo que sus pies temblaran, su cabeza sintió vértigo, y le pareció que todo a su alrededor giraba. Aquellos ojos oscuros la desorbitaron, supo que secreto era el que guardaban. En un principio pensó que pudo haber sido otro retrato de su abuelo, pero sabía que estaba equivocada, aquellos ojos de piedra tenían vida, su cabello se abría como un pulpo, su rostro denotaba fiereza, la baranda no era una baranda, era su cuerpo serpentino que se enrollaba alrededor de la escalera.

La niña gritó, y su grito despertó a su abuelo, su rostro se movió lentamente, al igual que su cuerpo. Se estaba enrollando alrededor de ella, iba a matarla. Ella luchó, se deslizó con fuerza hacía abajo, intentando librarse de su asesino abrazo.

Citrina cayó por la escalera, rodando, golpeándose fuerte la nuca. Toda adolorida, volteo sobre el suelo, mirando hacia el tercer piso, viendo como su abuelo se terminaba de enrollar, cerrando completamente la entrada de su guarida.

Fuente: PostmortemX666


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