Durante los inicios del siglo XX, Barcelona, ciudad hoy mundialmente conocida por ser uno de los principales reclamos turísticos a nivel mundial, fue testigo de uno de los sucesos más terribles que impregnan la crónica negra española. La desaparición de varios niños en el distrito conocido como “El Raval” pusieron en alerta a las gentes que vivían en este barrio depauperado.

La culpable era Enriqueta Martí, que se ganaría el apodo de “La vampira de Barcelona” o “La vampira del Raval”, una mujer de vida ermitaña y costumbres oscuras: cuentan que se dedicaba a raptar a niños de familias humildes o que habían sido abandonados en la calle para asesinarlos, extraerles la sangre y las grasas para así utilizarlos como base de productos cosméticos, ungüentos y pócimas que posteriormente vendía a personalidades de las altas esferas con las que se codeaba.

Esta mujer tenía su domicilio en el bajo de una conocida calle de la ciudad Condal y fue gracias al buen ojo de una vecina que pudo ponerse fin a su reinado de terror. Tras raptar el 10 de febrero de 1912 a una niña de apenas cinco años; el 27 del mismo mes, una vecina que vivía enfrente de la guarida de ‘la vampira’ pudo ver por uno de los cristales a alguien de corta edad y con la cabeza rapada. Al principio no pensó que pudiera relacionarse con la desaparición de la pequeña, pero le extrañó verla allí, pues desde hacía más de un año Enriqueta vivía sola en aquel lugar. Tras comentarlo con algunos de los tenderos y comerciantes, decidieron alertar a la policía, que por fin obtuvo una pista fehaciente sobre el misterioso caso.

Al personarse los agentes en el lugar, no hallaron ninguna señal alarmante que apuntase a que aquella mujer vestida con harapos andrajosos era la causante de tanta confusión… Hasta que dieron con una habitación que la dueña guardaba recelosamente bajo llave: había varios libros de brujería, ropas ensangrentadas de niños y niñas, grandes cantidades de grasa humana guardadas en frascos de cristal, un gran cuchillo desollador y los huesos de, al menos, doce niños y niñas guardados en un gran saco.



vampiro gif | TumblrTal y como confesó en comisaría, su forma de proceder era la siguiente: vestida con harapos andrajosos como si se tratara de una mendiga, acechaba a sus víctimas y las raptaba en plena calle. Una vez en su guarida, las asesinaba, drenaba su sangre y sus sebos. Luego, por la noche, vestida con sus mejores galas, se dirigía a las zonas céntricas de la ciudad donde se concentraba la gente pudiente y allí contactaba con ellos para comerciar con sus productos, que se decía que tenían tanto propiedades rejuvenecedoras como curativas de algunas enfermedades propias de la época (por ejemplo, la tuberculosis). También admitió que hubo una época en la que no tuvo suerte en sus abducciones de niños, por lo que optó por extraer la grasa de animales callejeros como perros y gatos.

Tras su declaración, fue enviada a una prisión de mujeres, donde intentaría quitarse la vida dos veces, una de ellas tratando de arrancarse las venas de su muñeca a mordiscos. Desde ese momento, estuvo bajo la vigilancia de tres de las reclusas más peligrosas y respetadas del centro, para evitar que otras compañeras la lesionaran o que se lo volviera a hacer ella misma.

Se cree que su intento de suicidio fue para evitar ceder ante las presiones de las autoridades para que confesara los nombres de las personalidades para las que trabajaba, ya que siempre se sospechó que pudieron haber implicadas importantes familias de la época. Tal vez eso explica las causas de su muerte, en 1913, cuando a pesar de la supervisión a la que estuvo sometida, un grupo de reclusas la lincharon hasta acabar con su vida. Los más suspicaces siempre han considerado la posibilidad de que, alguien, desde fuera o dentro de prisión, encargase su ejecución inmediata. Lamentablemente, el caso se encontraba en fase de instrucción, por lo que no llegó a ser juzgada ni pudo conocerse toda la verdad.

Fuente: buhomag